
El viento, o la ausencia de este en estos dias de cuasi-verano es lo que provoca las sensaciones de relajo o de somnolencia. El viento, sorpresivo, tardío, esperado, y a veces lo único necesario para sonreir en una tarde cualquiera. El viento, los tintes de el cielo de nochelos azules; de noche y sin nubes, de sueño sin sueños, de caminar sin descanso un atardecer cualquiera solo para sentir el viento; el viento en la cara, en los brazos, en las piernas. En el intertanto es solo cosa de la siempre eterna espera. La espera en lugares, siempre todo tan cerrado... la espera cuando nadie sabe en realidad que es lo que le espera, o que es lo que está esperando, y todo solamente llega; de improviso, de seguridad, de inseguridad, de cualquier otra cosa cuando el carpe diem es el instantaneo -como la sopa instantanea... como el jugo instantáneo- como los momentos instantáneos... como los recuerdos junto a la luna, la invisible luna, la siempre bien catalogada luna -excepto por garcía lorca- la misma que todos fotografían cuando hay eclipse, o cuando no lo hay por el solo hecho de sentirse feliz al ver un poco más cerca los crateres del lado visible de esta misma... y el dia se me pasa entre divagaciones varias...
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